La otra cara de la revolución digital
Hablamos constantemente de inteligencia artificial, computación en la nube, grandes modelos de lenguaje, streaming, redes sociales o vehículos conectados. Sin embargo, detrás de todos estos servicios existe una infraestructura física que pocas veces vemos: los centros de datos, también conocidos como CPD.
Son edificios llenos de servidores, sistemas de almacenamiento, equipos de comunicaciones, sistemas de refrigeración y una enorme cantidad de infraestructura eléctrica. Y todos ellos tienen algo en común: necesitan electricidad de forma continua.
Durante años, el crecimiento de Internet pudo parecer compatible con un consumo energético relativamente discreto. Pero la situación está cambiando rápidamente.
La expansión de la inteligencia artificial, el procesamiento masivo de datos y los servicios digitales está provocando la construcción de centros de datos cada vez mayores y más intensivos energéticamente.
Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el consumo mundial de electricidad de los centros de datos alcanzó aproximadamente 485 TWh en 2025 y podría llegar a unos 950 TWh en 2030, prácticamente el doble en solo cinco años. Eso supondría alrededor del 3 % de la demanda eléctrica mundial en 2030. (IEA)
La pregunta, por tanto, ya no es solamente cuántos centros de datos construiremos.
La verdadera cuestión es:
¿De dónde saldrá toda esa electricidad?
La inteligencia artificial cambia las reglas del juego
No todos los centros de datos consumen la misma cantidad de energía.
Una instalación dedicada principalmente al almacenamiento de información o a servicios convencionales puede tener unas necesidades muy diferentes de las de un gigantesco centro diseñado para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial.
Los sistemas de IA necesitan enormes cantidades de procesadores especializados y trabajan con cargas de cálculo muy intensivas.
La IEA estima que el consumo eléctrico de los centros de datos optimizados para IA está creciendo mucho más rápidamente que el de los centros convencionales. En su escenario central, el consumo eléctrico de los sistemas de servidores acelerados por IA crece alrededor de un 30 % anual hasta 2030. (IEA)
Además, la paradoja es que una tarea individual de IA puede hacerse cada vez más eficiente.
Los procesadores mejoran, los algoritmos necesitan menos energía y los centros de datos optimizan constantemente sus sistemas de refrigeración y gestión.
Pero al mismo tiempo utilizamos la IA mucho más.
Más usuarios, más consultas, generación de imágenes y vídeo, agentes autónomos, aplicaciones empresariales y nuevos servicios hacen que la eficiencia por tarea no necesariamente se traduzca en una reducción del consumo total.
Es el clásico efecto de una tecnología que se vuelve más eficiente y, precisamente por ello, se utiliza mucho más.
Un consumo enorme, pero no dominante a escala mundial
Aquí conviene poner las cifras en contexto.
A veces se transmite la idea de que los centros de datos están a punto de convertirse en el principal consumidor de electricidad del planeta.
Los datos no indican eso.
La IEA estima que en 2030 los centros de datos representarán alrededor del 3 % de la demanda eléctrica mundial. Además, su participación en el crecimiento de la demanda mundial será aproximadamente del 10 %, por debajo de otros grandes motores como la industria, la climatización o la electrificación del transporte. (IEA)
Pero existe una particularidad muy importante:
el impacto de los centros de datos está extremadamente concentrado geográficamente.
Un centro de datos de varios cientos de megavatios puede tener una importancia relativamente pequeña para el sistema eléctrico mundial, pero enorme para la red eléctrica de la región donde se instala.
Y ahí es donde aparece uno de los grandes desafíos de la próxima década.
Los centros de datos necesitan electricidad 24 horas al día
Un parque solar produce electricidad cuando hay sol.
Un parque eólico depende de las condiciones meteorológicas.
Un centro de datos, en cambio, no puede simplemente dejar de funcionar porque sea de noche o porque durante unas horas haya poco viento.
Los servidores necesitan energía 24 horas al día, 365 días al año.
Esta diferencia es fundamental.
Por eso, la expansión de los centros de datos está obligando a replantear la relación entre generación renovable y consumo eléctrico.
No basta con instalar muchos megavatios solares y eólicos.
Hay que conseguir que la electricidad esté disponible cuando realmente se necesita.
Eso implica combinar diferentes tecnologías:
- energía solar;
- energía eólica;
- almacenamiento mediante baterías;
- centrales hidroeléctricas;
- redes eléctricas reforzadas;
- interconexiones;
- generación firme de bajas emisiones;
- sistemas avanzados de gestión de la demanda.
En otras palabras, el futuro de los centros de datos no depende únicamente de producir más electricidad, sino de disponer de electricidad fiable y gestionable.
¿Pueden las renovables alimentar a los centros de datos?
La respuesta es sí, y de hecho ya lo están haciendo.
La IEA estima que las energías renovables proporcionan actualmente alrededor del 27 % de la electricidad físicamente consumida por los centros de datos a escala mundial.
Además, las renovables son la fuente que más rápidamente está creciendo para cubrir esta nueva demanda. En su escenario central, aproximadamente la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica de los centros de datos hasta 2030 será cubierto por renovables. (IEA)
Esto tiene una explicación económica.
La energía solar y la eólica se han convertido en tecnologías muy competitivas y pueden desplegarse en plazos relativamente cortos.
Además, muchas grandes empresas tecnológicas están firmando acuerdos de compra de energía renovable, conocidos como PPA (Power Purchase Agreements), para asegurarse durante años el suministro de electricidad procedente de nuevas instalaciones.
Pero aquí aparece una distinción importante.
Decir que un centro de datos funciona con “energía renovable” puede significar cosas diferentes.
Una empresa puede contratar mediante un PPA una cantidad de electricidad renovable equivalente a su consumo anual, pero eso no significa necesariamente que cada kilovatio-hora que recibe físicamente el centro proceda de una instalación solar o eólica en ese preciso momento.
Por eso, el siguiente paso será probablemente pasar de una compensación anual hacia modelos de suministro renovable 24/7, combinando generación, almacenamiento y redes.
Del PPA a la energía renovable 24/7
Imaginemos un centro de datos que consume electricidad durante toda la noche.
Un contrato con un gran parque solar puede cubrir perfectamente su consumo anual en términos contables, pero los paneles no producen electricidad a las tres de la madrugada.
Para conseguir una verdadera correspondencia entre consumo y generación será necesario combinar diferentes fuentes.
Durante el día puede entrar energía solar.
Cuando cae el sol pueden entrar las baterías.
Durante la noche puede aportar electricidad la energía eólica.
En otros momentos pueden intervenir la hidráulica, las interconexiones o fuentes firmes de bajas emisiones.
Este concepto —conocido como 24/7 Carbon-Free Energy— está ganando importancia entre las grandes empresas tecnológicas.
Y puede tener una consecuencia positiva mucho más amplia:
los centros de datos podrían convertirse en uno de los grandes impulsores de nuevas inversiones en generación renovable, almacenamiento y redes eléctricas.
Las baterías serán cada vez más importantes
Si la energía solar y la eólica van a crecer al mismo tiempo que aumenta la demanda de los centros de datos, el almacenamiento será fundamental.
Las baterías permiten desplazar electricidad de unas horas a otras.
Podemos almacenar energía solar durante las horas centrales del día y utilizarla cuando el sol ya se ha puesto. También podemos almacenar electricidad durante momentos de baja demanda y utilizarla posteriormente.
El almacenamiento está creciendo rápidamente en todo el mundo. La IEA estima que las instalaciones mundiales de almacenamiento mediante baterías aumentaron aproximadamente un 40 % en 2025, alcanzando cerca de 110 GW de nuevas instalaciones. (IEA)
Sin embargo, las baterías no solucionan todos los problemas.
Son especialmente útiles para gestionar variaciones de horas, pero un sistema eléctrico con una elevada penetración renovable también necesita soluciones para períodos más largos de baja producción solar o eólica.
Ahí entran en juego la hidráulica, otras tecnologías de almacenamiento de larga duración, las interconexiones y diferentes formas de generación firme.
La red eléctrica se convierte en protagonista
Existe otro elemento que puede terminar siendo incluso más importante que los propios centros de datos: la red eléctrica.
Construir un centro de datos puede llevar relativamente pocos años.
Construir una gran línea de transporte eléctrico, una subestación o una nueva infraestructura energética puede requerir mucho más tiempo.
Y esto está provocando un problema de coordinación.
La industria tecnológica avanza a una velocidad extraordinaria, mientras que las infraestructuras eléctricas tienen ciclos de planificación mucho más largos.
La IEA advierte precisamente de que las limitaciones en redes, transformadores, turbinas, equipos eléctricos y procesos de conexión están convirtiéndose en cuellos de botella para la expansión de los centros de datos. (IEA)
Por ello, en los próximos años veremos probablemente una competición no solamente por los chips o por el suelo disponible.
También habrá una competición por algo mucho más básico:
la capacidad de conexión eléctrica.
¿Y si los centros de datos se construyen donde hay energía renovable?
Esta puede ser una de las grandes tendencias de los próximos años.
Durante mucho tiempo, la ubicación de un centro de datos dependía principalmente de factores como la conectividad, la proximidad a grandes mercados, la disponibilidad de suelo, la seguridad o el coste.
Ahora la disponibilidad de electricidad puede convertirse en un criterio determinante.
Un país o región con abundante energía solar, eólica o hidráulica y una red eléctrica preparada puede resultar especialmente atractivo para nuevas instalaciones.
Esto podría favorecer determinadas zonas con grandes recursos renovables.
Pero también introduce un nuevo dilema.
No basta con tener mucho viento o mucho sol.
Hay que tener electricidad disponible, redes capaces de transportarla, permisos, agua o alternativas para la refrigeración, conectividad digital y estabilidad regulatoria.
La energía puede convertirse así en uno de los principales factores de localización de la economía digital.
El agua: el otro gran debate
Hablar de centros de datos y energía nos lleva inevitablemente a otro recurso: el agua.
Los servidores producen calor y necesitan sistemas de refrigeración.
Dependiendo de la tecnología utilizada, del clima y del diseño del centro de datos, la refrigeración puede requerir cantidades significativas de agua.
Por eso, el futuro no dependerá solamente de conseguir electricidad renovable.
También será necesario desarrollar sistemas de refrigeración cada vez más eficientes, reutilización de agua, refrigeración líquida y soluciones adaptadas a cada localización.
La tendencia apunta hacia centros de datos diseñados desde el principio teniendo en cuenta conjuntamente energía, agua, climatización y disponibilidad de red.
La eficiencia dejará de ser un complemento para convertirse en una condición esencial.
¿Y la energía nuclear?
Aquí aparece un elemento interesante.
Las renovables serán fundamentales, pero no necesariamente serán la única respuesta.
Los centros de datos necesitan energía continua y predecible. Por ello, algunas empresas tecnológicas están explorando acuerdos con centrales nucleares existentes y estudiando tecnologías nucleares avanzadas, incluidos los pequeños reactores modulares.
La IEA contempla un papel creciente de la energía nuclear en el suministro de electricidad a los centros de datos, especialmente hacia el final de esta década y después de 2030. En su escenario central, las renovables y el gas lideran inicialmente el crecimiento, mientras que la nuclear adquiere mayor protagonismo posteriormente. (IEA)
Esto no significa que exista una única solución.
Al contrario.
El crecimiento de los centros de datos está poniendo de manifiesto que el sistema eléctrico del futuro probablemente necesitará una combinación de tecnologías.
Renovables para producir grandes cantidades de electricidad competitiva.
Baterías y almacenamiento para aportar flexibilidad.
Redes para transportar la energía.
Hidráulica y otras tecnologías firmes para equilibrar el sistema.
Y, dependiendo del país y de su estrategia energética, nuclear u otras fuentes de generación de bajas emisiones.
El gran reto: que la IA no aumente las emisiones
Existe aquí una paradoja interesante.
La inteligencia artificial puede ayudar a optimizar redes eléctricas, prever la producción solar y eólica, mejorar el mantenimiento de instalaciones, reducir pérdidas y aumentar la eficiencia energética.
Pero al mismo tiempo, la propia IA necesita enormes cantidades de electricidad.
Es decir:
la IA puede convertirse simultáneamente en una herramienta para acelerar la transición energética y en una nueva fuente de demanda energética.
La diferencia dependerá de cómo se construya la infraestructura que la sostiene.
Un centro de datos alimentado principalmente por electricidad procedente de combustibles fósiles tendrá una huella ambiental muy diferente de otro conectado a una red con una elevada penetración renovable y respaldado por almacenamiento.
Por eso, la pregunta no debería ser solamente cuánto consumen los centros de datos.
También deberíamos preguntarnos:
¿qué electricidad utilizan, cuándo la utilizan y cómo se produce?
Una oportunidad para las energías renovables
Desde este punto de vista, el crecimiento de los centros de datos puede representar una oportunidad extraordinaria para las energías renovables.
Las grandes empresas tecnológicas tienen capacidad financiera para firmar contratos a largo plazo y participar directamente en nuevos proyectos energéticos.
Estos contratos pueden contribuir a financiar nuevas instalaciones solares y eólicas.
La IEA estima que las renovables podrían aportar cerca de la mitad de la nueva electricidad necesaria para cubrir el crecimiento de la demanda de los centros de datos hasta 2030. (IEA)
Pero existe una condición:
la generación renovable debe crecer al menos tan rápido como la demanda adicional.
Si no lo hace, otras fuentes tendrán que cubrir la diferencia.
Y ahí aparece uno de los riesgos de la situación actual.
El peligro de construir centros de datos más rápido que la energía limpia
La industria tecnológica puede levantar nuevas instalaciones en pocos años.
El sistema energético no siempre puede hacerlo al mismo ritmo.
La IEA señala que, aunque las renovables son la fuente de crecimiento más rápido para abastecer a los centros de datos, los combustibles fósiles —especialmente el gas natural y, en determinadas regiones, el carbón— seguirán desempeñando un papel importante para cubrir parte del incremento de demanda durante los próximos años. (IEA)
Esto plantea una cuestión fundamental.
Si construimos rápidamente centros de datos para satisfacer la demanda de inteligencia artificial, pero no desarrollamos simultáneamente suficiente generación limpia y capacidad de red, podríamos terminar recurriendo a centrales fósiles para cubrir las necesidades adicionales.
El resultado sería una paradoja:
una revolución tecnológica basada en la digitalización podría aumentar temporalmente la demanda de combustibles fósiles.
Por eso la planificación energética será decisiva.
¿Hacia dónde vamos?
Todo apunta hacia un modelo en el que los centros de datos estarán cada vez más integrados con el sistema energético.
En lugar de pensar en un centro de datos como un edificio que simplemente “consume electricidad”, empezaremos a verlo como una parte activa de la infraestructura energética.
Podremos encontrar:
Centros de datos + parques solares
para producir electricidad durante el día.
Centros de datos + parques eólicos
para aprovechar producción renovable durante más horas.
Centros de datos + baterías
para gestionar los períodos de mayor demanda.
Centros de datos + redes inteligentes
para optimizar cuándo y cómo se consume la electricidad.
Centros de datos + generación firme de bajas emisiones
para garantizar suministro continuo cuando las renovables variables no sean suficientes.
Y también veremos instalaciones que aprovechen el calor generado por los servidores para calefacción urbana o procesos industriales, convirtiendo un residuo energético en un recurso.
La eficiencia será tan importante como la generación
Existe una última pieza que no debemos olvidar.
La forma más sencilla de reducir el impacto energético de un centro de datos es necesitar menos energía para realizar el mismo trabajo.
Los fabricantes están desarrollando procesadores cada vez más eficientes.
Los centros de datos utilizan sistemas de refrigeración más avanzados.
Los algoritmos se optimizan.
Los modelos de inteligencia artificial pueden funcionar con hardware especializado.
Y las empresas están empezando a considerar el consumo energético como un factor estratégico.
La IEA señala que la eficiencia de la computación de IA está mejorando rápidamente. Sin embargo, el crecimiento de su utilización está compensando buena parte de esas mejoras, haciendo que el consumo total continúe aumentando. (IEA)
La batalla energética de la IA será, por tanto, doble:
hacer más con menos y, al mismo tiempo, producir mucha más electricidad limpia.
Una nueva alianza entre tecnología y energía
Los centros de datos representan uno de los mejores ejemplos de cómo las fronteras entre sectores económicos están desapareciendo.
La tecnología necesita energía.
La energía necesita tecnología.
La inteligencia artificial puede ayudar a gestionar mejor las redes eléctricas.
Las energías renovables proporcionan electricidad competitiva para alimentar los centros de datos.
Las baterías permiten adaptar la generación solar y eólica a las necesidades de los servidores.
Y los propios centros de datos pueden convertirse en grandes clientes capaces de impulsar nuevas inversiones energéticas.
La pregunta ya no es si la revolución digital tendrá consecuencias sobre el sistema energético.
Las está teniendo.
La cuestión es cómo aprovecharemos este crecimiento para construir un sistema eléctrico más limpio, flexible y eficiente.
Conclusión: los centros de datos serán parte del nuevo sistema energético
La expansión de la inteligencia artificial y de los servicios digitales está convirtiendo a los centros de datos en uno de los nuevos grandes consumidores de electricidad.
Su demanda mundial podría prácticamente duplicarse entre 2025 y 2030, hasta aproximadamente 950 TWh anuales. (IEA)
Pero esta cifra no debería interpretarse únicamente como una amenaza.
También representa una oportunidad.
Si el crecimiento de los centros de datos viene acompañado de nuevas instalaciones solares y eólicas, almacenamiento, redes eléctricas reforzadas, tecnologías de generación firme de bajas emisiones y mayores niveles de eficiencia, la revolución digital puede convertirse en uno de los motores de la transición energética.
El futuro probablemente no será un mundo de centros de datos alimentados exclusivamente por energía solar.
Tampoco será necesariamente un mundo dominado por una única tecnología energética.
Será algo más complejo.
Un sistema en el que solar, eólica, hidráulica, almacenamiento, redes, nuclear y otras tecnologías tendrán que trabajar conjuntamente para proporcionar electricidad abundante, fiable y con bajas emisiones.
Y quizá esa sea la principal lección que nos está dejando la inteligencia artificial:
el futuro digital necesita mucha energía, pero el verdadero desafío será conseguir que esa energía sea cada vez más limpia, flexible y eficiente.
La próxima gran revolución tecnológica no se desarrollará solamente en los chips y los servidores.
También se desarrollará en las redes eléctricas, en los parques renovables, en las baterías y en todas aquellas infraestructuras que harán posible mantener encendido el mundo digital.
Fuentes principales
- Agencia Internacional de la Energía (IEA), Energy and AI. (IEA)
- IEA, Key Questions on Energy and AI, actualización 2026. (IEA)
- IEA, Electricity 2026. (IEA)
- IEA, Renewables 2025. (IEA)
- IEA, Energy supply for AI. (IEA)
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