Durante décadas, hablar de movilidad significaba hablar de petróleo. Gasolina y diésel han sido el combustible fundamental de millones de vehículos en todo el mundo y, alrededor de ellos, se ha construido buena parte del sistema de transporte moderno.
Pero esa relación está cambiando.
El coche eléctrico ha dejado de ser una tecnología experimental para convertirse en una realidad comercial a gran escala. En 2025 se vendieron más de 20 millones de coches eléctricos en todo el mundo, aproximadamente uno de cada cuatro vehículos nuevos. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima además que las ventas podrían alcanzar los 23 millones en 2026. (IEA)
Al mismo tiempo, las energías renovables continúan transformando el sistema eléctrico. En 2025, las renovables representaron alrededor del 34% de la generación eléctrica mundial, mientras que la solar fotovoltaica registró un crecimiento extraordinario. (IEA)
Dos revoluciones, por tanto, están avanzando simultáneamente: la electrificación del transporte y la descarbonización de la electricidad.
La gran cuestión para los próximos años será conseguir que ambas evolucionen de forma coordinada.
El coche eléctrico ya no es el futuro: es el presente
El cambio en el automóvil está siendo mucho más rápido de lo que podía parecer hace apenas una década.
En 2025, las ventas mundiales de vehículos eléctricos crecieron aproximadamente un 20% y superaron los 20 millones de unidades. Europa alcanzó una cuota cercana al 28% de las nuevas matriculaciones, mientras que China se situó cerca del 55%. (IEA)
Naturalmente, la situación varía enormemente entre países. Pero la tendencia global es clara: cada vez más conductores están sustituyendo el motor de combustión interna por motores eléctricos.
Y esto cambia algo fundamental.
Un vehículo convencional necesita recibir energía en forma de gasolina o diésel. Un vehículo eléctrico necesita electricidad.
Esto significa que la movilidad comienza a formar parte directamente del sistema energético.
El automóvil deja de ser únicamente un consumidor de combustible y pasa a convertirse en un consumidor de electricidad conectado a la red.
Y aquí es donde las renovables adquieren una importancia estratégica.
De la gasolinera a la red eléctrica
La electrificación del transporte ofrece una oportunidad que va mucho más allá de cambiar el tipo de motor.
Si un vehículo eléctrico se carga con electricidad generada a partir de fuentes renovables, una parte importante de la energía utilizada para desplazarse procede de fuentes como el sol, el viento o el agua.
Esto permite conectar dos procesos que históricamente habían funcionado de manera bastante independiente:
generación renovable → electricidad → batería → movilidad.
La evolución de las renovables está haciendo que esta conexión resulte cada vez más interesante.
En 2025, la generación renovable mundial aumentó alrededor de un 8,5%. La solar fotovoltaica produjo aproximadamente 600 TWh adicionales, el mayor incremento anual de generación eléctrica registrado para una única fuente, fuera de periodos excepcionales de recuperación económica. (IEA)
La pregunta ya no es solamente cuánta electricidad renovable podemos producir.
La pregunta empieza a ser:
¿cómo conseguimos que esa electricidad llegue al coche en el momento adecuado?
El gran desafío: cuándo cargar el coche
Aquí aparece uno de los retos más interesantes de esta transición.
La energía solar tiene una característica evidente: produce principalmente durante las horas de sol.
Sin embargo, muchos vehículos pueden permanecer estacionados durante buena parte del día y, en determinados casos, conectarse a la red precisamente cuando la generación solar empieza a disminuir.
Si millones de vehículos comenzaran a cargarse simultáneamente al final de la jornada, podríamos crear nuevos picos de demanda.
Por eso, el futuro del coche eléctrico no consiste únicamente en instalar más cargadores.
También será necesario cargar de forma inteligente.
El llamado smart charging permite desplazar la recarga hacia aquellos momentos en los que existe mayor disponibilidad de electricidad o menor demanda de la red.
Por ejemplo, un vehículo que llega a casa a las seis de la tarde y necesita estar completamente cargado a las siete de la mañana siguiente no necesariamente tiene que empezar a cargar inmediatamente.
El sistema podría decidir cuándo resulta más conveniente hacerlo.
Si además coincide con horas de elevada producción solar, el vehículo podría absorber parte de esa energía que, de otro modo, podría tener dificultades para ser aprovechada.
Aquí comienza a aparecer una nueva idea: el coche eléctrico como elemento de gestión energética.
El coche como batería sobre ruedas
La evolución puede ir todavía más lejos.
Las tecnologías conocidas como V2G —Vehicle to Grid— permiten que determinados vehículos no solamente reciban electricidad de la red, sino que puedan devolverla.
Imaginemos un vehículo conectado a la red durante varias horas.
Puede cargar cuando existe abundante generación renovable y, posteriormente, devolver una pequeña parte de esa energía cuando el sistema necesita mayor flexibilidad.
Multipliquemos este comportamiento por cientos de miles o millones de vehículos.
La flota eléctrica podría convertirse progresivamente en una enorme infraestructura distribuida de almacenamiento.
Todavía estamos lejos de que esto sea una realidad generalizada. La IEA señala que las primeras ofertas comerciales de V2G para usuarios particulares aparecieron en 2025, pero también destaca que existen todavía pocos modelos compatibles y que los marcos regulatorios y estándares no están completamente armonizados. (IEA)
Por eso, el desarrollo del V2G será uno de los temas que habrá que seguir de cerca durante los próximos años.
La red eléctrica será tan importante como la batería
Cuando se habla del futuro del coche eléctrico, normalmente pensamos en autonomía, precio y tiempo de carga.
Pero existe otro elemento menos visible y probablemente igual de importante:
la red eléctrica.
Una red diseñada para una determinada demanda deberá adaptarse progresivamente a nuevos consumos procedentes del transporte, además de otros procesos de electrificación como la climatización, la industria o los centros de datos.
La IEA estima que, bajo las políticas actuales, la demanda mundial de electricidad asociada a los vehículos eléctricos podría superar los 1.500 TWh en 2035. Aunque esto representaría aproximadamente un 4% de la demanda eléctrica mundial prevista para entonces, el impacto será muy diferente según las regiones. En Europa, por ejemplo, la electrificación del transporte por carretera podría representar más de un 10% de la demanda eléctrica en 2035. (IEA)
El reto, por tanto, no parece ser simplemente producir suficiente electricidad.
Será necesario también disponer de:
- redes de distribución más robustas;
- más capacidad de conexión;
- sistemas de almacenamiento;
- gestión inteligente de la demanda;
- infraestructura de recarga rápida;
- digitalización;
- y mecanismos que permitan coordinar millones de consumidores.
La transición energética será también, inevitablemente, una transición de las redes.
España: una oportunidad especialmente interesante
España parte de una posición singular.
Nuestro país dispone de excelentes recursos solares y eólicos y ha experimentado un fuerte crecimiento de la generación renovable.
En 2025, las renovables produjeron el 55,5% de toda la electricidad generada en España, superando los 150 TWh y alcanzando un nuevo máximo histórico. Si se incorpora la estimación de la generación procedente del autoconsumo, la cuota renovable alcanzó el 56,6%. (REE)
Al mismo tiempo, la electrificación del automóvil está acelerándose.
Según ANFAC, en 2025 se matricularon 115.062 vehículos eléctricos puros en España, un 75,7% más que en 2024. Los vehículos eléctricos puros representaron el 8,39% de las matriculaciones anuales, mientras que BEV y PHEV conjuntamente alcanzaron el 17,9%. (ANFAC)
Todavía queda camino por recorrer, pero la dirección es significativa.
España puede encontrarse ante una combinación particularmente interesante:
mucho sol + mucho viento + creciente capacidad renovable + electrificación del transporte.
El reto será conseguir que estos elementos se desarrollen de forma coordinada.
El problema de las baterías
No podemos hablar del coche eléctrico sin hablar de baterías.
La batería continúa siendo uno de los elementos más importantes del vehículo eléctrico y concentra buena parte de la innovación tecnológica.
La evolución durante los últimos años ha sido enorme: mayor densidad energética, mejores sistemas de gestión, reducción de costes y tiempos de carga cada vez menores.
La IEA señala que la autonomía media de los vehículos eléctricos de batería se sitúa actualmente alrededor de los 380 kilómetros a escala global, aunque existen grandes diferencias entre modelos y mercados. (IEA)
Pero también existen retos.
La disponibilidad y concentración geográfica de determinadas materias primas, la fabricación de células, la dependencia industrial, el reciclaje y la reutilización serán cuestiones estratégicas.
La buena noticia es que la innovación no se limita a conseguir baterías más grandes.
También busca conseguir baterías más eficientes, más duraderas, más rápidas de cargar y menos dependientes de determinados materiales críticos.
Y en este punto aparece una idea importante: el coche eléctrico del futuro probablemente no será simplemente un coche con una batería cada vez mayor.
Será un vehículo diseñado para utilizar la energía de una forma mucho más inteligente.
¿Necesitamos realmente tantos cargadores?
Otra de las grandes cuestiones es la infraestructura.
A menudo se plantea la necesidad de construir enormes redes de cargadores públicos. Sin embargo, una parte importante de la recarga continuará produciéndose en casa o en el lugar de trabajo.
La IEA estima que en 2025 existían más de 43 millones de puntos privados de recarga para vehículos ligeros en todo el mundo. La recarga doméstica sigue siendo la opción preferida para aquellos usuarios que tienen acceso a ella. (IEA)
Esto cambia la naturaleza del problema.
No se trata únicamente de tener miles de cargadores rápidos en las carreteras.
También se trata de conseguir que millones de viviendas, empresas, aparcamientos y edificios puedan gestionar correctamente la recarga.
La infraestructura deberá crecer de forma mucho más distribuida.
No todos los vehículos seguirán el mismo camino
Existe una tendencia a hablar del vehículo eléctrico como si todas las formas de transporte fueran a electrificarse de la misma manera.
No será necesariamente así.
Para turismos y vehículos ligeros, la electrificación mediante baterías parece especialmente adecuada.
En autobuses urbanos y determinados vehículos comerciales también puede resultar muy competitiva.
Pero cuando hablamos de transporte pesado de larga distancia, maquinaria industrial, aviación o transporte marítimo, las necesidades energéticas son diferentes.
En estos sectores podrían coexistir distintas soluciones: baterías, hidrógeno, combustibles sintéticos, biocombustibles u otras tecnologías.
La transición energética no tendrá una única tecnología ganadora para todos los usos.
Los grandes retos de los próximos años
Si miramos hacia 2030-2035, la relación entre renovables y movilidad eléctrica tendrá que resolver varios desafíos simultáneamente.
1. Aumentar la generación renovable
La electrificación necesita electricidad.
La IEA prevé que entre 2025 y 2030 se incorporen alrededor de 4.600 GW de nueva capacidad renovable a escala mundial, con la solar fotovoltaica representando cerca del 80% de la expansión. (IEA)
2. Modernizar las redes
No basta con generar energía. Hay que transportarla y distribuirla allí donde se necesita.
3. Gestionar la demanda
La recarga inteligente permitirá evitar que millones de vehículos creen nuevos picos de consumo.
4. Desarrollar almacenamiento
Baterías estacionarias, bombeo hidráulico y otras tecnologías permitirán aprovechar mejor la generación renovable variable.
5. Mejorar las baterías
Más autonomía no debería significar simplemente baterías más grandes. La eficiencia, el coste, la durabilidad, la velocidad de carga y el reciclaje serán igualmente importantes.
6. Desplegar una infraestructura de recarga adecuada
Especialmente en ciudades, edificios residenciales, corredores de larga distancia y zonas donde el acceso a un cargador privado sea complicado.
7. Integrar el vehículo en el sistema energético
El verdadero salto tecnológico podría producirse cuando el vehículo deje de ser considerado simplemente un consumidor y pase a participar activamente en la gestión energética.
¿Hacia dónde vamos?
Probablemente estamos entrando en una segunda fase de la revolución eléctrica.
La primera consistió en demostrar que los vehículos eléctricos podían funcionar y competir tecnológicamente con los vehículos convencionales.
La siguiente será mucho más compleja.
Tendremos que integrar millones de vehículos, millones de cargadores, miles de instalaciones renovables, baterías estacionarias y redes eléctricas cada vez más digitalizadas.
Y todos esos elementos tendrán que comunicarse entre sí.
El coche eléctrico será entonces mucho más que un medio de transporte.
Podrá convertirse en un elemento del sistema energético.
Un vehículo podrá cargar cuando exista abundancia de energía solar, desplazarse durante el día y, en determinadas circunstancias, devolver parte de su energía a la red cuando sea necesario.
La frontera entre transporte y energía empezará a difuminarse.
Conclusión: dos revoluciones que necesitan encontrarse
La transición hacia el coche eléctrico y el crecimiento de las energías renovables no son dos procesos independientes.
Se necesitan mutuamente.
El vehículo eléctrico aumenta la demanda de electricidad, pero también puede proporcionar flexibilidad al sistema. Las renovables ofrecen electricidad limpia y competitiva, pero necesitan consumidores flexibles, almacenamiento y redes capaces de integrar una generación cada vez más variable.
Por eso, quizá la pregunta más interesante ya no sea:
¿Cuándo será eléctrico nuestro coche?
La pregunta realmente importante será:
¿Cómo construiremos el sistema energético que permita alimentar millones de coches eléctricos de una manera eficiente, renovable y flexible?
La respuesta probablemente estará en la combinación de varias tecnologías: solar, eólica, almacenamiento, redes inteligentes, baterías avanzadas, recarga inteligente y, en algunos casos, vehículo a red.
El futuro de la movilidad eléctrica no se decidirá únicamente en las fábricas de automóviles.
También se decidirá en los parques solares, en los aerogeneradores, en las redes eléctricas, en las baterías y en nuestros propios garajes.
Porque la verdadera revolución no consiste simplemente en cambiar el motor del coche.
Consiste en cambiar la relación entre el coche y la energía.
Y esa revolución ya ha comenzado.
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